

Hoy es domingo, Sun-day, en inglés… el día que se dedica al Sol. Que, como Dios, aunque no lo veamos, siempre está.
Y escribo Sol con mayúsculas porque para mí el Sol es lisa y llanamente Dios. Por eso, en este día dedicado a Dios, quisiera acompañarlo con una de las tantas historias bellas que guardo en mi colección de relatos sobre encuentros humanos con la divinidad.
Siendo mi especialización en el periodismo investigar sobre Terapias Complementarias, Espiritualidad y Ciencia, en mi largamente ejercida profesión de entrevistadora he ido coleccionando relatos que atesoro como pequeños guiños del Más Allá. Algunos me han sido contados personalmente por sus protagonistas, otros me llegaron a través de terceros y el resto, han sido tomados de autores dedicados a publicar estos relatos, en quienes creo plenamente.
Los años le agudizan a uno la intuición y ahora poseo plena certeza y se cuando alguien es o no es sincero pero también se en forma inmediata, sin el menor lugar a duda, cuando de su boca o de su relato escrito sale la verdad. Agradezco a Dios por este don.
Estos relatos son como un bálsamo para esos momentos en que siento desgano, tristeza, dudo o flaqueo en mi fe…
Entonces, tomo alguna de mis historias, vuelvo a leerla y a recordar las que me sucedieron a mí, e inmediatamente siento cómo mi energía se eleva.
No tengo que creer. Esa etapa ya pasó. Ahora Se que cada una de las historias que atesoro en mi colección sobre encuentros con los Mensajeros Celestiales es cierta…
Las leo, las recreo y mi espíritu se eleva y los alados que están a mi lado, que son muchos pero invisibles se regocijan… es un mimo para ellos... es decirles: creo en ustedes y se que están aun cuando no los vea…
Esta historia le fue entregada a Sophy Burnham, escritora americana, seria, respetable, de formación católica que ha trabajado en diversos países del mundo y dos veces por año viaja a la India para estudiar con su maestro hindú. En la actualidad, investiga encuentros humanos con la divinidad.
Y escribo Sol con mayúsculas porque para mí el Sol es lisa y llanamente Dios. Por eso, en este día dedicado a Dios, quisiera acompañarlo con una de las tantas historias bellas que guardo en mi colección de relatos sobre encuentros humanos con la divinidad.
Siendo mi especialización en el periodismo investigar sobre Terapias Complementarias, Espiritualidad y Ciencia, en mi largamente ejercida profesión de entrevistadora he ido coleccionando relatos que atesoro como pequeños guiños del Más Allá. Algunos me han sido contados personalmente por sus protagonistas, otros me llegaron a través de terceros y el resto, han sido tomados de autores dedicados a publicar estos relatos, en quienes creo plenamente.
Los años le agudizan a uno la intuición y ahora poseo plena certeza y se cuando alguien es o no es sincero pero también se en forma inmediata, sin el menor lugar a duda, cuando de su boca o de su relato escrito sale la verdad. Agradezco a Dios por este don.
Estos relatos son como un bálsamo para esos momentos en que siento desgano, tristeza, dudo o flaqueo en mi fe…
Entonces, tomo alguna de mis historias, vuelvo a leerla y a recordar las que me sucedieron a mí, e inmediatamente siento cómo mi energía se eleva.
No tengo que creer. Esa etapa ya pasó. Ahora Se que cada una de las historias que atesoro en mi colección sobre encuentros con los Mensajeros Celestiales es cierta…
Las leo, las recreo y mi espíritu se eleva y los alados que están a mi lado, que son muchos pero invisibles se regocijan… es un mimo para ellos... es decirles: creo en ustedes y se que están aun cuando no los vea…
Esta historia le fue entregada a Sophy Burnham, escritora americana, seria, respetable, de formación católica que ha trabajado en diversos países del mundo y dos veces por año viaja a la India para estudiar con su maestro hindú. En la actualidad, investiga encuentros humanos con la divinidad.
Los Ángeles están siempre listos para ayudar a la humanidad, ellos apenas esperan el consentimiento a través del pedido de ayuda, apoyo, u orientación para acudir a servir. Un ángel puede ser: el hombre simple que devolvió algo de valor que usted había perdido, el niño pequeño que mostró las maravillas en las cosas simples, el desconocido que la ayudó en el momento en que estaba perdida o la amiga que le trae un mensaje. Ellos tienen todos los aspectos posibles y pueden venir disfrazados de amigos, enemigos, profesores, jefes, mendigos, carteles, perros o gatos.
Y recuerde lo que le digo a mis oyentes: ¡los Ángeles nos visitan y sólo los reconocemos una vez que se han marchado!
Esta historia se la aportó a Sophy una señora llamada Renee Mastalli, de Bethesda, Maryland y siento que para todos aquellos que sentimos el vacío de la pérdida de un ser amado puede ser un bello mensaje de esperanza, consuelo, armonía y viniendo del cielo… ternura y amor…
“Un año después de la muerte de mi adorado esposo, me senté en la sala desolada (no podía dejar de llorar). De pronto, el aire se llenó de fragancia de flores (subyugante). Era a mitad del invierno. Justo entonces sonó mi teléfono, era una amiga que quería venir a visitarme. Le dije que yo no sería una buena compañía ese día, pero de todos modos vino.
-¿Dónde están las flores? – me preguntó al cruzar la puerta.
-Milli, ¿tu también las puedes oler?- respondí.
_ ¿Cuál era la flor favorita de Till?- me contestó con otra pregunta.
- Las gardenias – le respondí.
- El está aquí contigo y dice que no te aflijas.
En ese momento desapareció la fragancia de flores.




