

Usualmente, asociamos caos con desastre y desorden y la sola palabra evoca visiones de confusión y en modo alguno se la relaciona con lo armonioso o lo bueno.
Así somos, nos quedamos en la periferia de las cosas y no profundizamos ni siquiera en los diversos matices del verbo. Tal vez sea fruto de esta cultura de superficialidad que nos arrastra fuera de las esencias y nos conduce por el pobre derrotero de la satisfacción instantánea haciéndonos suponer que se puede y se debe tener todo YA, producto de lo cual nos tornamos adictos cada día más al capricho vano, a no saber esperar y por sobre todo, a no comprender la trama del revés de todos los procesos.
Las cosas de cualquier índole pasan por procesos, porque la vida misma es un proceso. Así como digo siempre que el aprender es un acto procesal, extiendo este concepto para todo. ¿Quién piensa que plantando hoy una semilla, encontrará mañana la planta, con flor y fruto?. Pero así estamos. Desconectados del orden interno y profundo de la vida y de las cosas.
En 1977, Ilya Prigogine, físico belga que obtuvo el premio Nóbel por su teoría de las estructuras disipativas, demostró que es preciso un período de disolución antes de que cualquier sistema (ya sea una sociedad, un matrimonio, o una molécula) pueda saltar a un nivel más elevado de organización.
Por otra parte, la segunda ley de la termodinámica afirma que en el universo todo se encuentra en un estado de descomposición, pero, a pesar de ello, se está evolucionando hacia estructuras más complejas. Parece ser que todo, desde la Bolsa hasta la evolución de las especies, avanza de una manera muy desordenada, sin la progresión ordenada que se predecía según nuestro antiguo modelo científico.
Entonces, esta suerte de “evolución desordenada” ,por decirlo de alguna manera, está asociada a la interdependencia (comunicación y retroalimentación entre diferentes partes del sistema). Esta especie de desorden, de no-linealidad y la inter-dependencia crean juntas el desorden o caos.
Volviendo a Prigogine, los principios físicos que descubrió echan por tierra toda esperanza de tener el control y, por lo tanto, de garantizar las consecuencias de los sucesos de nuestras vidas. Estos aparentes desastres o errores se incorporan finalmente en la integridad de un tapiz invisible… esta trama de la que siempre hablo con ustedes.
En 1977, Ilya Prigogine, físico belga que obtuvo el premio Nóbel por su teoría de las estructuras disipativas, demostró que es preciso un período de disolución antes de que cualquier sistema (ya sea una sociedad, un matrimonio, o una molécula) pueda saltar a un nivel más elevado de organización.
Por otra parte, la segunda ley de la termodinámica afirma que en el universo todo se encuentra en un estado de descomposición, pero, a pesar de ello, se está evolucionando hacia estructuras más complejas. Parece ser que todo, desde la Bolsa hasta la evolución de las especies, avanza de una manera muy desordenada, sin la progresión ordenada que se predecía según nuestro antiguo modelo científico.
Entonces, esta suerte de “evolución desordenada” ,por decirlo de alguna manera, está asociada a la interdependencia (comunicación y retroalimentación entre diferentes partes del sistema). Esta especie de desorden, de no-linealidad y la inter-dependencia crean juntas el desorden o caos.
Volviendo a Prigogine, los principios físicos que descubrió echan por tierra toda esperanza de tener el control y, por lo tanto, de garantizar las consecuencias de los sucesos de nuestras vidas. Estos aparentes desastres o errores se incorporan finalmente en la integridad de un tapiz invisible… esta trama de la que siempre hablo con ustedes.
Entonces, desde este punto de vista, el desorden o la desintegración de algo, una sociedad, un estado, una forma de gobierno o lo que sea, podría ser un suceso creativo porque deja sitio para la renovación y el desarrollo. Ahora comprendo cuando se dice que una semilla sólo puede llegar a flor hinchándose y muriendo (y pido disculpas por volver a mis ejemplos de jardinería).
Nuestra propia capacidad de crear renovación y resurrección en nuestras vidas procede muchas veces de períodos de crisis que nos obligan a dejar a un lado nuestras antiguas conductas y creencias. Entonces me permito hacerle esta pregunta a usted que NO POR CASUALIDAD se está conectando conmigo: ese evento "doloroso" que supuso tanta tristeza, pesar, angustia, y toda clase de desarmonías, hoy... visto a la distancia.. ¿a qué lo obligó? ¿Siguió usted igual o tuvo que obligarse a modificar un escenario, a dejar una pareja, a abandonar algo donde sólo se hallaba por comodidad? o tal vez tuvo que probarse en algo que de otra forma no hubiera encarado para finalmente descubrirse siendo capaz de hacer creativamente nuevas cosas más compatibles con aquello que a usted lo acerca a su corazón, a su paz, a su vocación, a su esencia? ... Comparta si lo desea, claro, conmigo su experiencia... lo invito... nos sirve a todos... seguro... que después de caerse se levantó para ser otro, más templado, más experto, menos superficial, menos entregado a la ligereza de los placeres efimeros que sólo profundizan el vacío y la amargura?...
Después de todo, y … aunque nos suene trillado… Crisis es Oportunidad!!!
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