jueves, 1 de abril de 2010

Arpas Eternas



Carlitos, un gran Maestro y Amigo que ya no está con nosotros me hizo descubrir hace unos cuantos años a una joya que para mí era desconocida. Le estaré por esto siempre sumamente agradecida al igual que a Jorge Recanatini, también amigo entrañable, por haberme presentado a nuestro amigo en común.

La joya a la que me refiero es la querida “Mamina”, autora de “Arpas Eternas” y de otros iluminadores libros como “Orígenes de la Civilización Adánica” y “El Huerto Escondido”, entre otros.

“Mamina”, como era conocida en la intimidad, es Doña Josefa Rosalía del Corazón de Jesús Luquez Álvarez, una insigne espiritualista argentina nacida en Villa María, Córdoba, el 18 de marzo de 1893 que, vivió por aproximadamente veinte años en el Tigre (a 28 km. de la capital federal) donde se instaló en una isla. Escritora genial, concebía sus inspiradas obras viendo desarrollarse las escenas como en una película, pero con vida propia, sintiendo en sí misma todo el amor y el dolor de los personajes que intervenían, lo que en forma de relato o diálogo era luego volcado a la escritura con tal vivencia que al leerse se interviene sin querer en el argumento como parte integrante del mismo.Transcribo unas líneas de Arpas Eternas donde se lo ve a Cristo con siete añitos que me parecen llenas de hermosura y apropiadas para estos tiempos:

Vieron un anciano de oscuro manto.
- "...Soy uno de los Esenios del Monte Carmelo…”
- ¿Habéis oído lo que ocurrió con este pequeño de siete años?
- Todo lo he oído.
- ¿Y qué os parece de todo esto?
- Que la Luz Divina está entre nosotros en esa pequeña personita de 7 años.
- ¿Por qué lo decís?
- Porque mientras el niño hablaba, he visto con interior claridad una multitud de seres espirituales y resplandecientes que arrojaban puñados de flores de luz sobre este niño, mientras otros cantaban: Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad. Y otros dijeron: El Verbo de Dios habla a los hombres y los hombres no entienden lo que él dice.


Nos dice Mamina en el Prólogo de Arpas Eternas:

Los amantes del Cristo en la personalidad de Jesús de Nazareth, encontrarán sin duda en este modesto trabajo, al Jesús que habían vislumbrado en sus meditaciones; al gran espíritu símbolo de la más perfecta belleza moral: reflector clarísimo del Bien, practicado con absoluto desinterés.
¬¡Son así las estrellas de primera magnitud, que derraman sus claridades sin pedir nada a aquellos cuyos caminos alumbran, sino que labren su propia dicha futura!
Y al tender hacia todos los horizontes, la oliva de paz, simbolizada en este nuevo relato de su vida, digo desde lo más íntimo de mi alma:
Amigos de Jesús: os entrego con amor, el esfuerzo de veinte años, que presenta a vuestra contemplación, la más fiel imagen del Cristo de vuestros sueños, que nos es posible obtener a nosotros, pequeñas luciérnagas errantes en la inmensidad de los mundos infinitos.

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