martes, 30 de marzo de 2010

Cuando se usa más el medicamento que la cabeza...




Los psicofármacos se han convertido en drogas sociales, esas que los americanos incluyen en el grupo de las llamadas lifestyle drugs (drogas para el estilo de vida), consumidas sin control médico por sectores de poder adquisitivo medio y alto que las utilizan para sostener rutinas que exigen mantenerse al límite del rendimiento, sin angustia y sin claudicaciones. Se trata, de algún modo, de un consumo recreativo, automedicado. Y es por eso que el concepto de "medicalización de la vida cotidiana" circula aquí y en todo el mundo como un sello de época.

En 2004, por ejemplo, la BBC publicó un artículo en el que daba cuenta de que la agencia británica de Medio Ambiente advertía que el agua para consumo doméstico de Gran Bretaña contenía cantidades crecientes de Prozac, el antidepresivo que en los 90 fue bautizado como "la droga de la felicidad". Hace poco más de un mes, un artículo publicado por el diario El País , de España, hablaba de la "depresión por la depresión", como efecto de la crisis, y recordaba que la Organización Mundial de la Salud aconseja por estos días que "no convendría subestimar las consecuencias psicológicas de la crisis financiera".

Las estadísticas revelan que en nuestro país el consumo de psicofármacos es uno de los más altos del mundo. Ansiolíticos, antidepresivos y sedantes son los más buscados. Para los investigadores, las crisis políticas y económicas están en el origen de esta tendencia nacional. Qué dicen las cifras y cómo explican el fenómeno sociólogos, psicoanalistas y psiquiatras


Lo cierto es que, cada vez más, la gente toma medicamentos recomendados por amigos, vecinos e incluso compañeros de asiento en los aviones, que proveen tranquilizantes a quienes tienen miedo de volar. Incluso, los médicos conviven con la presión de los pacientes que piden copias como caramelos, aduciendo que "me las receta mi psiquiatra, pero ahora está de vacaciones".

El doctor Pablo Dimitroff, director médico de los Centros Ambulatorios de Swiss Medical Group, dice que esto efectivamente ocurre, y que en la Argentina resulta difícil "desterrar la figura del médico "recetólogo". Los pacientes no siempre comprenden el grado de responsabilidad que tiene el médico cuando firma una receta".

La mayoría no considera riesgoso automedicarse, y gran parte de los pacientes utilizan por su cuenta una droga con la que ya habían sido medicados anteriormente", afirma el doctor Jorge Franco, a cargo del servicio de Salud Mental del Hospital de Clínicas. Ya en 2002, un trabajo publicado por esa división del hospital-escuela indicó que el 60% de los pacientes consumía medicamentos sin prescripción médica:, el 27.5% lo hacía con drogas de venta libre y 31.9%, se automedicaba. Los fármacos más utilizados en este último grupo fueron los psicofármacos: 59.8%. De este grupo, el 88.8% eran ansiolíticos.

Lejos del ámbito psi, pero con el termómetro de la calle, el actor y escritor Enrique Pinti, dispara con humor en el mismo sentido: "A mí no me jodan. Acá las crisis siempre son bravas, pero no vivimos en Beirut. Hay que preguntar en Irak si toman pastillas. Seguro que no. ¿Por qué pensamos como si fuéramos Hiroshima o Nagasaki? En la Argentina pasan cosas inexplicables y terribles, pero no tanto como para justificar que tengamos que enchufarnos todo el tiempo una pastilla porque somos los más castigados del mundo. Dejamos que las cosas pasen, las permitimos y después no lo asumimos. ¿Sabés por qué? Si algo se asume, genera angustia. Acá, la gente se derrumba y se empastilla en lugar de decir: "A estos hijos de p... ya no les creo". Usamos más el medicamento que la cabeza".

lunes, 29 de marzo de 2010

Somos niños



De chicos nos decían que teníamos un ángel que custodiaba nuestros caminos y nos llevaba de la mano. La estampa hermosa nos mostraba al niño caminando con su ángel a su lado.
Luego, al convertirnos en adultos fuimos sintiendo que esta imagen era sólo de estampitas de primera comunión. Qué curioso… decimos: “eso es cosa de niños”. Pero como bien saben las Kaunas, las místicas sacerdotisas de Hawai, y como lo dice la Biblia: …”Los niños heredarán la tierra” o “Yo os aseguro: si no os hacéis como niños de nuevo, no entraréis en el reino de los cielos”.

Los niños poseen el corazón de saber y de ver, y es el niño dentro de nosotros la clave de nuestra trascendencia. El niño posee esa capacidad maravillosa de estar en el presente. Cuando juega, juega, cuando se acuesta, duerme, cuando come, come.
La capacidad de estar plenamente en el presente es lo que nos vamos quitando nosotros mismos a medida que ingresamos al mundo adulto. Un mundo de ficciones, donde dejamos de jugar, de estar aquí y ahora y de ser inocentes.

El grave error es creer que el niño murió. Pero ese niño no murió. Está muy dentro nuestro, atrapado y con ropas de adulto, pidiendo que no lo ignoremos. Una vez que volvamos a reconectar con este niño que llevamos dentro, nuestro yo infantil se percata de que lo estamos re-conociendo y estamos dispuestos a escuchar sus pedidos y reclamos. Pedidos de comprensión, de consuelo. Es el yo infantil abandonado, dejado a la deriva y olvidado el que ruega por ser escuchado. Una vez que comprende que como adultos, hemos venido a rescatarlo con sinceridad, atención y compasión derrama lágrimas de liberación… nuestra atención es la respuesta a sus plegarias.

En cuanto nuestro yo infantil alcanza la paz, nosotros también la alcanzamos. Si no estamos en paz es porque nuestro yo infantil está en conflicto. Cuando traemos paz a nuestro yo infantil podemos recuperar y mantener el equilibrio emocional.
Nuestro deseo de reconectar con nuestro propio yo infantil y de desarrollar una relación consciente con esta parte inocente y preciosa de nuestro ser es lo que separa la paja del trigo. Nunca es demasiado tarde para tener una infancia feliz, sobre todo si nos percatamos de que no existen adultos en el cielo.

viernes, 26 de marzo de 2010

Modelos




La Dra. Joan Borysenko, modelo de mujer pionera en sanación espiritual, bióloga especializada en oncología, con un doctorado en ciencias médicas en la Facultad de Medicina de Harvard. Sin embargo, al morir su padre de cáncer, pasó a interesarse más por la persona que por la propia enfermedad; a consecuencia de ello, estudió medicina conductual, profundizando en el efecto que la relajación y la meditación tienen sobre el enfermo.
Joan en más de una ocasión ha confesado que tiene a su vez como modelo de lo que debe ser el perfecto sanador a una mística cristiana del siglo XII, una monja benedictina llamada Hildegarda de Bingen. Hildegarda fue la médica más destacada de su época; como farmacóloga, poseía conocimientos profundos sobre las plantas de las que procede la mayor parte de nuestra farmacopea moderna.

Describió, asimismo, la circulación de la sangre mucho antes de que lo hiciera el medico ingles sir William Harvey, aunque el descubrimiento suele atribuirse a éste. Además, Hildegarda fue una mística que tuvo muchas visiones divinas, en las que solía escuchar la música celestial que oyen a veces las personas que tienen experiencias próximas a la muerte.
Era una excelente compositora, transcribió música que nos ha llegado en buena parte. La doctora Borysenko relata que escuchando su música advierte un salto de energía emocional que transmite un mensaje de paz y bienestar por todo su cuerpo.
Hildergarda encargó a las monjas pintoras de su convento que pintasen sus visiones, muchas de las cuales son círculos sagrados o mandalas. Contemplando sus obras de arte, también podemos sentir un cambio a un nivel más profundo de paz, un lugar donde sentimos una conexión con la vastedad de posibilidades a la que podemos llamar Dios o Universo.
Hildergarda creía que una comprensión completa de la sanación tenía tres partes: En primer lugar dijo, “necesitamos de la ciencia. Yo estoy de acuerdo con todo mi corazón. Tanto la oración como la sanación emocional y el despertar emocional forman parte de la sanación, pero de ningún modo pueden suplantar en su papel a la ciencia y a la medicina. El segundo aspecto de la sanación es lo que Hildegarda llamaba “un santo misticismo”, el misticismo que nos inspira hacia la integridad. El tercer aspecto de la sanación, ella creía que era propio del artista, el papel de “despertador de las gentes”.
Hildergarda decía que cada uno de nosotros porta en su interior como una semilla y que cuando animamos a esa semilla a crecer, alcanzamos nuestra plenitud como coceadores del Universo. Es para ella el “despertar el corazón de su antiguo sueño”, es lo que podríamos considerar como estar plenamente vivos.

martes, 23 de marzo de 2010

Estampas Milagrosas




Volviendo en el buque desde Uruguay leí un bello comentario sobre el hecho de que nuestros mejores Maestros jamás buscaron en modo alguno imponerse.
Respetaron el libre albedrío en todo momento y ocasión y sentí cuánto me ayudaron cada vez que por distintos motivos los invoqué.
Recordaba a Kwan Yin de quien estuve comentando días pasados pero en aquella ocasión mucho lamenté no poder encontrar la bella estampa de la Diosa que recorrió el mundo gracias al ya fallecido Dr. C.H. Yeang de Malasia.

Según el doctor, estas estampas son milagrosas y deben ser repartidas altruistamente.
Cuando las obtuve desde Malasia las pude repartir y me quedé con una o dos para mi.
Sentí que en algún momento, si era la Voluntad de Dios… la estampa aparecería para ser compartida y ese día es hoy.
De modo que les entrego la bendición que lleva en el dorso y las palabras del reverso para extender su amoroso contenido y seguir así con su difusión.

Bendición.
Que la paz de Dios reine en este hogar! Que el Amor de Dios habite en vuestros corazones! Que la Luz de Dios more en vuestras almas! Que la Sabiduría de Dios guíe vuestras mentes! Que la Virtud y la Pureza de Dios transpiren de vuestros sentimientos! Que la Fuerza y la Vitalidad de Dios permanezcan entre los miembros de este hogar! Que la Salud y el Bienestar de Dios emanen de vuestros cuerpos y a través de vuestras vestimentas! Que la Gracia de Dios este presente en vuestras oraciones! Que los Talentos y el Ingenio de Dios se revelen a través de vuestros sentidos! Que la plenitud de la Victoria del Plan de vuestro Dios se manifieste a través de vuestras almas al final de vuestra vida en la tierra! Acudid a mí y os responderé! Kwan Yin.

Reverso:
En caso de enfermedad, repetid día y noche, con los ojos cerrados y sin mover los labios. “ AMO EL AMOR DE DIOS EN MI ALMA, Y AMO EL AMOR DE DIOS EN EL ALMA DE (nombre del paciente)”.

jueves, 18 de marzo de 2010

Cada gota hace un océano





Mi gran maestra, ante quien me inclino, Zulma Reyo, me enseñó que el mundo es el reflejo de nuestra propia maestría o de la falta de ella y que los problemas de nuestro mundo son indicación clara de que estamos haciendo algo para crearlos. Punto y aparte.

Ese aparte me da tiempo para deglutir y digerir tamaña verdad. Las verdades no tienen que ser altisonantes, ocupar tratados portentosos con especulaciones filosóficas y de otra índole o ser deshilvanadas en el sillón de los psiquiatras. La verdad es una y simple. Cuanto más verdadera, más llana, con menos artilugios y más potente. Punto y aparte.

La resistencia que genera esta verdad punzante nos lleva a la remanida y escapista muletilla: “Yo no tengo la culpa de… y pasamos a enumerar la cadena de catástrofes cotidianas del mundo como si este ejercicio nos abriera una brecha entre “ellos” y “nosotros”. Ignoramos que los muchos, son la suma de los unos. Y usted y yo somos los unos dentro de los muchos por lo tanto, usted y yo tenemos no se si culpa pero al menos una cuota de responsabilidad por seguir de alguna u otra forma, contribuyendo a masacrar a la naturaleza, produciendo desbalance interno y externo, sembrando violencia cotidiana, y continuar en piloto automatico consintiendo y "naturalizando" cotidianos comportamientos derivados de la falta de consciencia. Duro, pero, cierto. Punto y aparte.

¿Será que sólo podemos adquirir conocimiento a través de devastadores altibajos?.¿Será nuestra única modalidad de aprendizaje?. Nuestra creatividad, ¿no se estará centrando demasiado en producir formas de autodestrucción para nosotros y nuestro planeta?. Nuestra voraz e incontrolada visión del progreso a costa del equilibrio natural, no se está volviendo sobre cada uno de nosotros?. Sabemos que sí pero continuamos eligiendo poner la responsabilidad en los otros, los muchos, los de arriba, los de abajo, los del norte o los del sur. Y usted y yo…¿dónde estamos?. Punto y aparte.

El martes vi una documental española sobre el agua y lo que estamos haciendo con ella. Y con pavor me entero de que “Un solo campo de golf derrocha 15.000 m3 de agua” y que “Una sola lata de pintura vacía que no se recicle debidamente y que se arroje como basura en cualquier lado, como estamos acostumbrados a ver cuando vamos a un paseo por el Tigre, o por nuestros lagos y lagunas grandes o pequeños, puede contaminar millones de litros de agua”. Con pavor veo imágenes de gente que está padeciendo y muriendo por una gota de agua bebible. Sí… yo se que usted lo sabe. Yo se que esto no es nuevo, pero … ¿qué acciones individuales estamos tomando?. Siento que caemos en la trampa cómoda de pensar que el esfuerzo y el compromiso individual son estériles pero ante tan flagrante error de concepto, imágenes como la de Martín Luther King, Gandhi o Madre Teresa me vienen a la mente y me apuran a una reflexión más honesta. ¿Qué hubiera pasado si ellos hubieran sucumbido a la anestesia de mentiras tan mezquinas?. No nos engañemos. Nuestras mentiras favoritas acuden prontas para arrojar un manto de tranquilidad sobre nuestra culpa bien sentida ni bien ésta comienza a asomar la cabeza. Mas de una vez, pudiendo hacer no hacemos y usted y yo sabemos que eso es cierto. Mas allá que nos avergüence. Pero tal vez esa vergüenza nos lleva a una reflexión más sincera y a una consiguiente acción más consciente. Si así, fuera, este mensaje que estoy escribiendo habrá servido para algo, porque se que nada es poco si se hace, si está presente, pues el océano es la suma de sus gotas. Punto y aparte.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Mis Dos Padres




Siempre intenté diseccionar los contenidos del concepto “perfección” para entender algo tan magnánimo y en mi perseverante empeño sólo lograba nuevos escollos mentales. ¿Será que mi propia imperfección me impide llegar a comprender la perfección? Esa duda filosófica me frustraba.

Usted se preguntará a cuenta de qué tanto intríngulis metafísico cuando tareas más concretas nos llaman a atender cuestiones terrenas más tangibles. Y la respuesta es que mi intento de entender la perfección surge de mi perpetuo anhelo de entender a Dios. Así de claro y así de complejo. Menudo desafío. Entender, conocer a Dios como camino para amarlo ya que no se ama lo que no se conoce.

El concepto de “perfección” me remitió siempre a exactitud fría y quirúrgica, a rigor, a poco lugar para la blandura. “Es un blando… es un flojo, no tiene principios firmes”… por lo tanto la perfección se me ocurría implacable. Poco compatible con la ternura, con la mano de mi padre de la tierra.

En mis diálogos con ese Dios a quien quiero sentir “Padre”, su Perfección intrínseca me anteponía un abismo en mi relación con El. Entre la Perfección y yo se interponía un abismo porque este Dios perfecto, en sus designios incomprensibles me distanciaba de su lado más amable, su costado de Amador. ¿Será acaso la ternura, la blandura, sólo para los padres de la tierra? Será por eso que me era tan difícil no temerle a Dios. “Ayudame a no sentirte lejos, implacable y frío. Acercate. Hace algo, le supliqué”.

Así andaba yo en mis relaciones con la Divinidad cuando algo se interpuso en mis especulaciones. Allá por la década del 80 llegó a mi un ejemplar del libro que iba a marcar un antes y un después en mi vida. Alguien puso en mis manos un extraño ejemplar. Se trataba de la traducción de un libro americano llamado LOS DISCURSOS DEL YO SOY que en aquel entonces era toda una rareza y a partir de allí la compañía y las enseñanzas que destilaban de sus páginas iban imprimiendo en mi espíritu una huella diferente a lo que cualquier otro material había hecho hasta la fecha.

Día y noche LOS DISCURSOS DEL YO SOY era mi compañero fiel y a medida que me inspiraba más, yo iba sintiéndolo como una Presencia viva. Sentía que era Dios mismo destilando sus enseñanzas diarias, no como un discurso sino como tierna compañía complaciente y benévola. Nunca este libro llegó a estar en mi biblioteca ya que me costaba separarme de sus palabras amables y transmutadoras.

Los largos viajes en tren se alivianaban y se llenaban de dulzura a medida que sus páginas se iban coloreando con mis rasgos propios, mis marcaciones y signos varios. Así se iba llenando él de mi y yo de él.

Aquella tarde me acomodé en el asiento del tren y ni bien apoyé la frente en el vidrio, la anticipación gozosa que me producía el prepararme para la habitual lectura era ya un placer en si mismo. Del gozo anticipatorio pasé casi al llanto. Simplemente, el libro no estaba. Extraño e imposible. Nadie tenia acceso ni tocado mis cosas pues trabajaba sola, en un lugar cerrado. Revisé y volví sobre mis pasos: el libro que a la mañana estuvo conmigo, pocas horas más tarde había desaparecido. Como vino se fue.

Comprendí el mensaje. Estuvo conmigo el tiempo suficiente y parecía que el momento adecuado de dejarme era ahora. Quien lo haya encontrado tal vez necesitara su sabiduría más que yo.
¿No es esto perfecto? ¿No es la mano Divina? Como el mejor ajedrecista, la mano que me lo trajo en el momento justo, también lo sacó de mí en el momento apropiado. La jugada perfecta, el Arquitecto implacable estaba otra vez trazando las líneas. Y nuevamente, sentí el frío metálico que impone el corte perfecto del cirujano sabio. Sanador pero con herida y cicatriz incluida. Me habían amputado fríamente lo que era casi ya una parte de mi cuerpo, me habían quitado un trozo de corazón, sin aviso ni anestesia.

Le daba vueltas y sabia que en el gran juego, todo tiene su tiempo exacto y la perfección rigurosa del Padre zanjaba un abismo mas profundo.
Yo estaba edulcorada en las palabras que salían de mi libro y me hablaban de la Gloria y la Benevolencia Divina cuando esta misma Gloria me hizo estallar en lágrimas. Ahora ese Padre, no solo era todavía más lejando, sino también caprichoso, y tal vez sordo al clamor de sus hijos.

Los días pasaron y mi pena no menguaba. Las dulces meditaciones de mi amado Libro eran una ausencia muy presente. ¿Me hace algo el Padre del Cielo que nunca me haría el Padre de la Tierra, siendo aún más imperfecto?
Estaba herida, desconsolada y confundida. Quería querer a Dios, acercarme y que se me acercara y cuando más cercano lo sentí, me dio la espalda.

En esos compungidos días, una encomienda misteriosa llegó a mi casa. Venía a mi nombre y del sur. Mi tía me decía que una inundación había destrozado una considerable cantidad de libros de una librería amiga y que la dueña del comercio se los obsequió. Sin saber que hacer con ellos, me los remitió. Abrí la caja y efectivamente, los ejemplares estaban descoloridos, apelmazados y casi inútiles. Excepto uno: grande y hermoso, marcado por el agua que lo inundo con un color amarillo dorado. Vi su título. Cerré los ojos. El libro volvió a pasar por la lluvia de mis lágrimas. El que puso una vez el libro, puso por segunda vez en mis manos un ejemplar de LOS DISCURSOS DEL YO SOY.

martes, 16 de marzo de 2010

Al Maestro, con cariño




Creí con resignada tristeza que personajes como Diógenes, importante filósofo de la época de Aristóteles, pertenecían exclusivamente a la esfera de la literatura filosófica. Sin embargo, de modo inesperado y tal vez a modo de revelación, un hombre joven de cuarenta y pocos años al que llamaré “A”, irrumpió en mi vida, y durante dos noches en las cuales compartimos charlas profundas y horas de sinceridad espontánea me demostró que el modelo de vida que el maestro defendió, no sólo es posible, sino que es un difícil camino de cordura y alineación interior que puede transitarse aún en nuestra contemporánea época donde la distracción perpetua, la frivolidad enfermante, y la satisfacción instantánea operan bajo el yugo y el devastador imperio de una sociedad de consumo que nos consume un poco más cada día, en pos de más dinero, más juguetes, más horas no vividas, más compromisos fatuos y más adicciones y dependencias atrofiantes.

Mi amigo, porque lo siento amigo tal vez desde vidas inmemoriales, dejó trabajos, dependencias y jefes. No usa reloj, computadoras ni teléfonos celulares de ningún tipo. No se obsesiona en comprarse ropa ya que invierte lo justo y necesario en dicho rubro y además, le obsequian de vez en cuando modelos en buen estado a los que da buen uso. Pasa la mayoría de su tiempo bajo el cielo de Mallorca junto a su esposa dando masajes “sentidos”, como el mismo lo expresó, a personas de todas partes del mundo que recalan en su camilla montada en la playa.

Cuando las manos y el cuerpo de “A” dicen “basta por hoy” sin respetar jamás ninguna hora más que la del sabio reloj interno, recoge sus elementos de trabajo y con el dinero bien ganado, si tiene ganas, retorna a su austero departamento alquilado o bien emprende una caminata si es que no decide jugar con su perra Chiara, herencia de su pequeña hija quien dejó hace muy poco la tierra para instalarse en el cielo definitivamente.

“Soy feliz” dijo y se lo creo. Presencias así que atraviesan nuestra historia ejercen el impacto de un cachetazo inesperado… pero, como todo aquello que nos conmueve, no deja de ser una bendición disfrazada, una invitación y una esperanza, de modo que una vez más, levanto los ojos al cielo y vuelvo a repetir: ¡Gracias Dios por seguir con tus envíos, esta vez, como tantas, en el envase de otro Maestro!

Como seguidora a ultranza del sendero post-socrático, admiré a Diógenes por su propuesta casi salvaje, su sinceridad visceral y su compromiso con la vida sin rendir culto a ninguna necesidad impuesta desde afuera. Pero, lo confieso: Diógenes estaba guardado en mi corazón como un referente irrepetible, inimitable, estampa emblemática y figura incomprendida como todo grande. Este linyera de la época aristotélica estuvo siempre muy envuelto en esa aura que eterniza a los que han sido únicos, locos imprescindibles, maestros de cordura.

Tan radical era su compromiso con la vida honesta, sin superficialidad ni imposiciones de artificio que históricamente se suele asociar a Diógenes con desorden, enfermedad, y abandono lo cual me parece no del todo correcto y hasta injusto; una visión pobre, prejuiciosa y muy recortada de lo que fue este grande, insolente y provocador maestro nacido en Sínope, en la actual Turquía, en el año 413 a.C. Por cuestiones económicas fue desterrado de su ciudad natal, hecho que tomó con cierta ironía: «Ellos me condenan a irme y yo los condeno a quedarse.» Fue así que anduvo por Esparta, Corinto y Atenas. En esta última ciudad, se hizo discípulo de Antístenes. A partir de entonces adoptó la indumentaria, las ideas y el estilo de vida de los cínicos. Vivió en la más absoluta austeridad y criticó sin piedad las instituciones sociales.

Diógenes, se deshacía de todo aquello que no valiera para nada. Se dice que se deshizo de sus vasos y tazas, cuando descubrió que podía recoger el agua con las manos y beber así. Fue famoso por preconizar un modo de vida austero y renunciar a todo tipo de comodidades, hasta el punto de vivir en un barril. Pero como el mismo preconizaba, no deberíamos recordar a alguien por lo que tenía, sino por lo que era.

“Estaba en una ocasión pidiendo limosna a una estatua. Preguntándole por qué lo hacía, contestó: «Me ejercito en fracasar.» Se extrañaba asimismo de que los gramáticos se ocuparan con tanto celo de los males de Ulises, despreocupándose de los suyos propios; de que los músicos afinaran las cuerdas de sus liras, mientras descuidaban la armonía de sus disposiciones anímicas; o de que los matemáticos se dieran a observar el sol, pero se despreocuparan de los asuntos de aquí; de que los oradores elogiaran la justicia, pero no la practicaran nunca; o de que, por último, los codiciosos echasen pestes del dinero, a la vez que lo amaban sin medida. Reprochaba asimismo a los que elogiaban a los virtuosos por su desprecio del dinero, pero envidiaban a los ricos. Vivía en su tonel famoso y su aspecto era descuidado, su estilo burlón. Era en extremo transgresor.


En sus días, no había ningún alimento en toda Atenas más barato que el guiso de lentejas. Comer guiso de lentejas significaba que te encontrabas en una situación de máxima precariedad. Un día estaba Diógenes comiendo un plato de lentejas sentado en el umbral de una casa cualquiera cuando llegó Aristipo de Cirene, otro filósofo que vivía con lujo adulando al rey Alejandro Magno y le dijo en tono de burla:
“Mira, si fueras sumiso al rey y lo adularas un poco, no tendrías que comer esa basura de lentejas” . Diógenes sin perder la calma, dejó de comer, levantó la vista y, mirando intensamente al acaudalado interlocutor, contestó: Si tú aprendieras a comer lentejas, no tendrías que degradarte adulando al rey.

viernes, 12 de marzo de 2010

La flor mas bella



Mi amigo y maestro, Enrique Mariscal, a quien debo tanto y con quien compartí momentos maravillosos de una larga amistad y de jugosos entrenamientos, durante mucho tiempo me habló y también escribió sobre el tema de los buenos o distraídos por no decir “malos” jardineros que podemos ser.

Es más, hasta escribió un manual de jardinería humana, que aprovecho para recomendárselo a usted que me está leyendo, donde nos recuerda que “Las plantas nos enseñan que lo peor que le puede pasar a una persona no es morir, sino vivir muerto, sin estilo, sin perfume propio”. Pero volviendo a los jardines y el hombre, Enrique no fue el único que se refirió al jardín para hablar de los hombres, porque esa maravillosa fábula cruda y poética llamada “Desde el Jardín” de Jerzy Kosinski, que también le recomiendo si es que no la leyó, otra vez sitúa al hombre desde el jardín como el escenario donde se despliega la vida misma. Semillas, frutos, tierra que se abandona, tierra que se siembra, fe, plagas, esperanza, trabajo, paciencia, cosechas, malas hierbas, árboles, troncos, ramas, flores, lluvias, sequías y sol. De hecho, Chance, su protagonista, es capaz no sólo de sobrevivir, si no de llegar a las más altas esferas de la sociedad hablando de lo único que conoce, su jardín.

Como cada maestro que nos ha tocado es un sembrador de fecundas semillas de sabiduría en nosotros, sus discípulos, que somos siempre una tierra con infinitas posibilidades, un día, tal vez el menos esperado, si medianamente hemos cuidado nuestra tierra, podemos ver florecer en nuestro suelo modestos capullos de inspiración. Y eso creo que es lo que sucedió cuando ayer viajaba en el subte, que para estas alturas es ya casi mi segundo hogar, y me sorprendí meditando con ojos abiertos cosa que hago cada vez más cuando soy estrujada, comprimida y apretada como una consternada sardina en su celda de lata.

Entre pisoteadas y semi-asfixia pensé en el éxtasis de liberación que nos inunda a todos y a cada uno cuando después de tanto atropello, falta de aire, apretón y sudor somos al fin eyectados del vagón. Ah… que alivio! Que bendición! Un aire más fresco que el de una playa, una liberación más satisfactoria que la de un preso,,, y todo por haber atravesado una agonía de unos escasos minutos que se viven como horas. Entonces sentí que ese aire era más fresco porque antes casi no existía, que esa sensación de libertad era más gozosa porque antes habíamos estado, presos y bueno… volví al jardín de mi maestro ..

Como jardinera que mi maestro me estimuló a ser, pensé en la paradigmática belleza de las rosas… porque si hay una flor con estilo, para mí, es la rosa… y me pregunté: ¿aceptarías una rosa sin tallo con espinas? ¡Caramba! Nunca se me ocurrió pensarlo. Creo que seria muy poco atractiva.. es más… no seria una rosa… La rosa no es rosa si para llegar al capullo aterciopelado, brilloso, fragante, y colorido no tendríamos que atravesar el desafiante, largo y espinoso camino de su tallo traicionero. No. No habría rosa sin previo prolongado tallo con espinas. Como no habría flor de loto sin el lodo en que se apoya.

“Nuevamente el jardín” me dije y contemplé mis propias espinas como antesalas pasajeras de la flor más bella y una vez más, me incliné hacia el humus de la humildad y reconocí una vez más la perfección matemática del árbol de la vida. Después de las espinas, siempre vienen las rosas.

jueves, 11 de marzo de 2010

Nos Re-inventamos cuando superamos las formas




El Sábado 13 de Marzo nos encontraremos para el Seminario REINVENTARSE, para - desde la consciencia - iniciar un proceso de trans-formación. Porque, no nos engañemos, re-inventarnos, transformarnos, solamente es una tarea correctamente emprendida cuando se inicia de adentro hacia afuera.

Cuando le preguntaron a Miguel Ángel cómo creaba una escultura, respondió que la estatua ya existía dentro del mármol. Era Dios mismo quien había creado La Piedad, El David, Moisés. La tarea de Miguel Ángel, tal como él la entendía, era eliminar el exceso de mármol que rodeaba la creación de Dios. Por eso su oración era: “Dios, LIBERAME DE Mí para poder complacerte”.

Lo mismo sucede con cada uno de nosotros. Esa parte perfecta es nuestra esencia. Nuestra tarea es eliminar “el exceso de mármol que sobra”, el pensamiento egoico que rodea nuestra perfección. Para eso es este seminario.

El mármol sería todo el ropaje, las máscaras y los disfraces que utilizamos para tapar nuestra esencia, nuestro lugar de poder. Este seminario es una toma de conciencia que debe operar como una puesta en marcha, UN GRAN CAMBIO, UNA INVERSIÓN TOTAL DE NUESTRO PUNTO DE REFERENCIA.
Pues…hasta no ser conscientes de la energía, la seguiremos confundiendo con sus recipientes. Nos trans-formamos cuando superamos las formas, los recipientes, cuando elevamos nuestro nivel de consciencia, nuestro dinamismo interior y nos instalamos en estadios de no-forma.

Los interesados en asistir pueden inscribirse en info@planeta-esmeralda.com.ar
o llamando al 4-9831235.

miércoles, 10 de marzo de 2010

El Cerebro es un organo sociable




La Neurociencia ha descubierto que el diseño mismo de nuestro cerebro lo hace sociable, inexorablemente atraído a un íntimo enlace cerebro a cerebro cada vez que nos relacionamos con otro persona. Ese puente nervioso nos permite hacer impacto en el cerebro y por ende, en el cuerpo de cualquier persona con la que interactuamos. Incluso nuestros encuentros más rutinarios actúan como reguladores en el cerebro preparando nuestras emociones, algunas deseables, otras no. Cuanto más fuerte nos relacionamos emocionalmente con alguien, mayor es la fuerza mutua. Nuestros intercambios más potentes se dan con esas personas con las que pasamos mas tiempo todos los días, año tras año, es especial, aquellos a quienes más queremos.

Durante esos enlaces neurológicos nuestros cerebros se entregan a una danza emocional, una danza de sentimientos. Nuestras interacciones sociales funcionan como moduladores, que continuamente reacomodan aspectos clave de nuestra función cerebral a medida que orquestan nuestras emociones.

Los sentimientos resultantes tienen consecuencias de largo alcance, que nos recorren todo el cuerpo enviando cataratas de hormonas que regulan los sistemas biológicos, desde el corazón hasta las células inmunológicas.

Pero lo más asombroso es que la ciencia ahora rastrea conexiones entre las relaciones más estresantes y el funcionamiento de genes específicos que regulan el sistema inmunológico.
Hasta un grado sorprendente, nuestras relaciones no sólo moldean nuestra experiencia sino también nuestra biología. El enlace cerebro a cerebro permite que nuestras relaciones más fuertes nos moldeen en asuntos tan frívolos como reírnos de las mismas bromas o tan profundos como qué genes se activan o no en las células T, los soldados del sistema inmunológico en la constante batalla contra las bacterias y los virus invasores.

Las relaciones nutritivas tienen un impacto beneficioso sobre nuestra salud mientras que las tóxicas pueden actuar como un veneno lento en nuestros cuerpos.

lunes, 8 de marzo de 2010

Sólo un grano de mostaza







Acá estoy de vuelta de mis vacaciones y no crean ustedes que durante mi descanso he dejado de pensar… soñar, escribir notas en bares, en playas, en aviones. Lo de siempre. Y acá otra vez…
Siempre dije lo mismo: me gusta irme para desprenderme un poco de mi acotada visión de las cosas. Y es bueno para mí, hacer este ejercicio de expansión mental al alejarme de la cotidianeidad.
Me meto en otras casas, escucho otras lenguas, leo otros idiomas, y como me decían en la escuela…” cuando estés en Roma… conviértete en una romana”…Saliendo de nuestro lugar conocido y compartiendo las visiones y las ideas de otras mentes me puse seriamente a pensar que sobre el planeta que habito y que tanto quiero existen aproximadamente más de 6.000 millones de mentes y que cada una de ellas según nos informan los estudios holográficos contiene un patrón común con el cual resuena, que todas y cada una son parte de una gran conciencia mayor o, como lo digo en los seminarios, de una gran matriz o matrix que nos contiene y de la que formamos parte.
Y sabemos que cada uno de esos seis mil millones (con usted y yo incluidos) tenemos acceso directo a la totalidad de ese gran patrón.

Los estudios científicos respaldan principios que en un no lejano tiempo atrás sonaban a mera charlatanería o algo inconcebible pero hoy los astrofísicos nos dicen que todo en el universo es una imagen holográfica donde las partes encierran el todo y el todo está en cada una de las partes. O sea que aquello que está en esa gran matriz o gran patrón universal está en cada una de nuestras mentes. En estado latente, en potencial, pero está. Entonces, ¿ por qué no despertarlo?. Es como un gran gigante dormido.

Si una gota del océano contiene la esencia de todo el océano… cada una de nuestras mentes posee toda la perfección, la sabiduría, la sanidad y el amor contenido en ese gran patrón eterno universal que está más allá de tiempo y espacio. Entonces mientras meditaba estos días no podía dejar de preguntarme: ¿qué pasaría si en un esfuerzo consciente decidiéramos sacar cada uno de los 6.000 millones que somos todo ese potencial de amor, sanidad, sabiduría y perfección que está en un sueño profundo esperando ser despertado?
Creo que lo sentimos como imposible por el hecho de que asumimos que los que pensamos así o deseamos esta realidad para nuestro mundo somos muy pocos, insuficientes para lograr el gran cambio… pero ¿no será está una creencia también a revisar?. Veamos:

A diferencia de años atrás donde se creía que para que se cristalice el gran cambio se requería de cifras astronómicas, hoy los estudios confirman que ese porcentaje necesario es pequeño y que cuando un pequeño porcentaje de la población accede a un estado de paz interior, esa paz se refleja en el mundo exterior.

La fórmula para determinar cuánta gente hace falta para trabajar para la paz y la curación dentro de un grupo humano es la siguiente:

1. calcular el número total de personas.
2. calcular el 1 % del numero anterior (multiplicar el total por 0,01)
3. calcular la raíz cuadrada del 1 % obtenido

Esta fórmula produce números que son sorprendentemente menores de lo que uno podría esperar. En un millón de personas por ejemplo, el total es de alrededor de 100. En un mundo de 6 mil millones de habitantes el total es de sólo unas 8000 personas. Con este número tenemos la cantidad mínima para iniciar el proceso. Claro que cuanta más gente participe, mas rápido se expande el efecto.

Recuerde: la cantidad MINIMA de mentes necesarias para iniciar un cambio de conciencia es la raíz cuadrada del 1 % de la población total… o sea, no somos tantos los requeridos. De modo que aunque no todos lo deseen, se interesen, lo sepan o tengan esta intención basta con unos pocos para sacar todo el potencial de sanación, amor, paz y armonía. Usted, ¿no se quiere sumar? Como digo siempre. Juntos somos más. ¿Tiene fe del tamaño de un grano de mostaza? Yo si, y se que usted también. Se que un día mi planeta, su planeta, será esmeralda en todos y cada uno de sus rincones y ese día sentiré que nuestra pizca de buena voluntad, nuestro grano de mostaza, se convirtió en un árbol de la vida gigante cuyas ramas abrazan a todos y a cada uno y que nuestro sueño, nuestra utopía, no ha sido en vano.