viernes, 12 de marzo de 2010

La flor mas bella



Mi amigo y maestro, Enrique Mariscal, a quien debo tanto y con quien compartí momentos maravillosos de una larga amistad y de jugosos entrenamientos, durante mucho tiempo me habló y también escribió sobre el tema de los buenos o distraídos por no decir “malos” jardineros que podemos ser.

Es más, hasta escribió un manual de jardinería humana, que aprovecho para recomendárselo a usted que me está leyendo, donde nos recuerda que “Las plantas nos enseñan que lo peor que le puede pasar a una persona no es morir, sino vivir muerto, sin estilo, sin perfume propio”. Pero volviendo a los jardines y el hombre, Enrique no fue el único que se refirió al jardín para hablar de los hombres, porque esa maravillosa fábula cruda y poética llamada “Desde el Jardín” de Jerzy Kosinski, que también le recomiendo si es que no la leyó, otra vez sitúa al hombre desde el jardín como el escenario donde se despliega la vida misma. Semillas, frutos, tierra que se abandona, tierra que se siembra, fe, plagas, esperanza, trabajo, paciencia, cosechas, malas hierbas, árboles, troncos, ramas, flores, lluvias, sequías y sol. De hecho, Chance, su protagonista, es capaz no sólo de sobrevivir, si no de llegar a las más altas esferas de la sociedad hablando de lo único que conoce, su jardín.

Como cada maestro que nos ha tocado es un sembrador de fecundas semillas de sabiduría en nosotros, sus discípulos, que somos siempre una tierra con infinitas posibilidades, un día, tal vez el menos esperado, si medianamente hemos cuidado nuestra tierra, podemos ver florecer en nuestro suelo modestos capullos de inspiración. Y eso creo que es lo que sucedió cuando ayer viajaba en el subte, que para estas alturas es ya casi mi segundo hogar, y me sorprendí meditando con ojos abiertos cosa que hago cada vez más cuando soy estrujada, comprimida y apretada como una consternada sardina en su celda de lata.

Entre pisoteadas y semi-asfixia pensé en el éxtasis de liberación que nos inunda a todos y a cada uno cuando después de tanto atropello, falta de aire, apretón y sudor somos al fin eyectados del vagón. Ah… que alivio! Que bendición! Un aire más fresco que el de una playa, una liberación más satisfactoria que la de un preso,,, y todo por haber atravesado una agonía de unos escasos minutos que se viven como horas. Entonces sentí que ese aire era más fresco porque antes casi no existía, que esa sensación de libertad era más gozosa porque antes habíamos estado, presos y bueno… volví al jardín de mi maestro ..

Como jardinera que mi maestro me estimuló a ser, pensé en la paradigmática belleza de las rosas… porque si hay una flor con estilo, para mí, es la rosa… y me pregunté: ¿aceptarías una rosa sin tallo con espinas? ¡Caramba! Nunca se me ocurrió pensarlo. Creo que seria muy poco atractiva.. es más… no seria una rosa… La rosa no es rosa si para llegar al capullo aterciopelado, brilloso, fragante, y colorido no tendríamos que atravesar el desafiante, largo y espinoso camino de su tallo traicionero. No. No habría rosa sin previo prolongado tallo con espinas. Como no habría flor de loto sin el lodo en que se apoya.

“Nuevamente el jardín” me dije y contemplé mis propias espinas como antesalas pasajeras de la flor más bella y una vez más, me incliné hacia el humus de la humildad y reconocí una vez más la perfección matemática del árbol de la vida. Después de las espinas, siempre vienen las rosas.

1 comentario:

  1. Ay Annie!! Qué buen uso del idioma hacés!! Me encanta cómo escribís además de los temas MUY bien elegidos!!!
    Te sigo, te leo aunque no siempre dejo comentarios...
    Espero lo hayas pasado súper en Uruguay!!
    Besos

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