

Mi gran maestra, ante quien me inclino, Zulma Reyo, me enseñó que el mundo es el reflejo de nuestra propia maestría o de la falta de ella y que los problemas de nuestro mundo son indicación clara de que estamos haciendo algo para crearlos. Punto y aparte.
Ese aparte me da tiempo para deglutir y digerir tamaña verdad. Las verdades no tienen que ser altisonantes, ocupar tratados portentosos con especulaciones filosóficas y de otra índole o ser deshilvanadas en el sillón de los psiquiatras. La verdad es una y simple. Cuanto más verdadera, más llana, con menos artilugios y más potente. Punto y aparte.
La resistencia que genera esta verdad punzante nos lleva a la remanida y escapista muletilla: “Yo no tengo la culpa de… y pasamos a enumerar la cadena de catástrofes cotidianas del mundo como si este ejercicio nos abriera una brecha entre “ellos” y “nosotros”. Ignoramos que los muchos, son la suma de los unos. Y usted y yo somos los unos dentro de los muchos por lo tanto, usted y yo tenemos no se si culpa pero al menos una cuota de responsabilidad por seguir de alguna u otra forma, contribuyendo a masacrar a la naturaleza, produciendo desbalance interno y externo, sembrando violencia cotidiana, y continuar en piloto automatico consintiendo y "naturalizando" cotidianos comportamientos derivados de la falta de consciencia. Duro, pero, cierto. Punto y aparte.
¿Será que sólo podemos adquirir conocimiento a través de devastadores altibajos?.¿Será nuestra única modalidad de aprendizaje?. Nuestra creatividad, ¿no se estará centrando demasiado en producir formas de autodestrucción para nosotros y nuestro planeta?. Nuestra voraz e incontrolada visión del progreso a costa del equilibrio natural, no se está volviendo sobre cada uno de nosotros?. Sabemos que sí pero continuamos eligiendo poner la responsabilidad en los otros, los muchos, los de arriba, los de abajo, los del norte o los del sur. Y usted y yo…¿dónde estamos?. Punto y aparte.
El martes vi una documental española sobre el agua y lo que estamos haciendo con ella. Y con pavor me entero de que “Un solo campo de golf derrocha 15.000 m3 de agua” y que “Una sola lata de pintura vacía que no se recicle debidamente y que se arroje como basura en cualquier lado, como estamos acostumbrados a ver cuando vamos a un paseo por el Tigre, o por nuestros lagos y lagunas grandes o pequeños, puede contaminar millones de litros de agua”. Con pavor veo imágenes de gente que está padeciendo y muriendo por una gota de agua bebible. Sí… yo se que usted lo sabe. Yo se que esto no es nuevo, pero … ¿qué acciones individuales estamos tomando?. Siento que caemos en la trampa cómoda de pensar que el esfuerzo y el compromiso individual son estériles pero ante tan flagrante error de concepto, imágenes como la de Martín Luther King, Gandhi o Madre Teresa me vienen a la mente y me apuran a una reflexión más honesta. ¿Qué hubiera pasado si ellos hubieran sucumbido a la anestesia de mentiras tan mezquinas?. No nos engañemos. Nuestras mentiras favoritas acuden prontas para arrojar un manto de tranquilidad sobre nuestra culpa bien sentida ni bien ésta comienza a asomar la cabeza. Mas de una vez, pudiendo hacer no hacemos y usted y yo sabemos que eso es cierto. Mas allá que nos avergüence. Pero tal vez esa vergüenza nos lleva a una reflexión más sincera y a una consiguiente acción más consciente. Si así, fuera, este mensaje que estoy escribiendo habrá servido para algo, porque se que nada es poco si se hace, si está presente, pues el océano es la suma de sus gotas. Punto y aparte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario