lunes, 8 de marzo de 2010

Sólo un grano de mostaza







Acá estoy de vuelta de mis vacaciones y no crean ustedes que durante mi descanso he dejado de pensar… soñar, escribir notas en bares, en playas, en aviones. Lo de siempre. Y acá otra vez…
Siempre dije lo mismo: me gusta irme para desprenderme un poco de mi acotada visión de las cosas. Y es bueno para mí, hacer este ejercicio de expansión mental al alejarme de la cotidianeidad.
Me meto en otras casas, escucho otras lenguas, leo otros idiomas, y como me decían en la escuela…” cuando estés en Roma… conviértete en una romana”…Saliendo de nuestro lugar conocido y compartiendo las visiones y las ideas de otras mentes me puse seriamente a pensar que sobre el planeta que habito y que tanto quiero existen aproximadamente más de 6.000 millones de mentes y que cada una de ellas según nos informan los estudios holográficos contiene un patrón común con el cual resuena, que todas y cada una son parte de una gran conciencia mayor o, como lo digo en los seminarios, de una gran matriz o matrix que nos contiene y de la que formamos parte.
Y sabemos que cada uno de esos seis mil millones (con usted y yo incluidos) tenemos acceso directo a la totalidad de ese gran patrón.

Los estudios científicos respaldan principios que en un no lejano tiempo atrás sonaban a mera charlatanería o algo inconcebible pero hoy los astrofísicos nos dicen que todo en el universo es una imagen holográfica donde las partes encierran el todo y el todo está en cada una de las partes. O sea que aquello que está en esa gran matriz o gran patrón universal está en cada una de nuestras mentes. En estado latente, en potencial, pero está. Entonces, ¿ por qué no despertarlo?. Es como un gran gigante dormido.

Si una gota del océano contiene la esencia de todo el océano… cada una de nuestras mentes posee toda la perfección, la sabiduría, la sanidad y el amor contenido en ese gran patrón eterno universal que está más allá de tiempo y espacio. Entonces mientras meditaba estos días no podía dejar de preguntarme: ¿qué pasaría si en un esfuerzo consciente decidiéramos sacar cada uno de los 6.000 millones que somos todo ese potencial de amor, sanidad, sabiduría y perfección que está en un sueño profundo esperando ser despertado?
Creo que lo sentimos como imposible por el hecho de que asumimos que los que pensamos así o deseamos esta realidad para nuestro mundo somos muy pocos, insuficientes para lograr el gran cambio… pero ¿no será está una creencia también a revisar?. Veamos:

A diferencia de años atrás donde se creía que para que se cristalice el gran cambio se requería de cifras astronómicas, hoy los estudios confirman que ese porcentaje necesario es pequeño y que cuando un pequeño porcentaje de la población accede a un estado de paz interior, esa paz se refleja en el mundo exterior.

La fórmula para determinar cuánta gente hace falta para trabajar para la paz y la curación dentro de un grupo humano es la siguiente:

1. calcular el número total de personas.
2. calcular el 1 % del numero anterior (multiplicar el total por 0,01)
3. calcular la raíz cuadrada del 1 % obtenido

Esta fórmula produce números que son sorprendentemente menores de lo que uno podría esperar. En un millón de personas por ejemplo, el total es de alrededor de 100. En un mundo de 6 mil millones de habitantes el total es de sólo unas 8000 personas. Con este número tenemos la cantidad mínima para iniciar el proceso. Claro que cuanta más gente participe, mas rápido se expande el efecto.

Recuerde: la cantidad MINIMA de mentes necesarias para iniciar un cambio de conciencia es la raíz cuadrada del 1 % de la población total… o sea, no somos tantos los requeridos. De modo que aunque no todos lo deseen, se interesen, lo sepan o tengan esta intención basta con unos pocos para sacar todo el potencial de sanación, amor, paz y armonía. Usted, ¿no se quiere sumar? Como digo siempre. Juntos somos más. ¿Tiene fe del tamaño de un grano de mostaza? Yo si, y se que usted también. Se que un día mi planeta, su planeta, será esmeralda en todos y cada uno de sus rincones y ese día sentiré que nuestra pizca de buena voluntad, nuestro grano de mostaza, se convirtió en un árbol de la vida gigante cuyas ramas abrazan a todos y a cada uno y que nuestro sueño, nuestra utopía, no ha sido en vano.

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